Cata de aceite de oliva, análisis organoléptico del aceite de oliva. No es fácil definir los matices, las sensaciones y en una palabra… la huella que deja en nosotros (los amantes del aceite de oliva) una experiencia de cata de aceite de oliva. En especial cuando es guiada por profesionales que aman su trabajo y le ponen pasión al mismo.

Más allá de esos matices subjetivos, comienzo por aclarar el término “organoléptico”; la RAE define este término con suma claridad: “Dicho de una propiedad de un cuerpo: que se puede percibir por los sentidos”.

Extrapolando el concepto a nuestro caso, un análisis organoléptico, es toda aquella percepción que pueda ser detectada a través de nuestros sentidos, vale decir: aroma, sabor, color, textura. Es un hecho que cuánto más afinada o desarrollada tengamos cada capacidad sensorial necesaria, más podremos profundizar en el análisis.

Técnicamente, una sesión de cata consiste en distribuir en pequeños vasitos circulares de color oscuro (generalmente azul) una pequeña cantidad de aceite de oliva (en el entorno de los 15 mililitros) y se tapan. Los conocedores dicen que este vaso debe sujetarse con ambas manos para que el aceite acerque su temperatura a la corporal y de ese modo se concentren y “potencien” todos los aromas y matices.

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